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La medicina líquida representa un tipo de medicina que no está limitada ni a un espacio físico ni, sobre todo, a una concepción mental rígida o sólida. Como definió Bauman, ya no tienen sentido las estructuras que delimitan y confinan determinados conceptos, porque en estos tiempos líquidos, la realidad es fundamentalmente permeable.

Un hospital ya no es sólo un edificio con camas, porque un dispositivo móvil puede registrar nuestras constantes en cualquier lugar, conectarse con la estructura sólida y, de esa manera, expandirla más allá de sus límites físicos, borrándolos y haciéndolos flexibles y capaces de llegar a cualquier parte con sólo una conexión de internet. La cama de mi casa puede ser una cama de hospital, mi reloj puede ser su monitor, mi báscula su báscula… El hospital, el centro de salud y el paciente son sólo fragmentos de un todo que ahora, gracias a la tecnología, pueden volver a conectarse. Esta tecnología nos brinda la oportunidad de convertir la realidad de nuestros modelos rígidos en procesos dinámicos y eficientes, eliminando las barreras que hasta ahora separan tanto las estructuras sanitarias entre sí, como éstas con el usuario.

Por encima de esos objetos existe una mente que trabajará el significado de la información y la convertirá en conocimiento, lo que acabará generando un acto médico concreto. Pero este acto médico no puede limitarse a un algoritmo científico que no observe y se empape de las emociones y la subjetividad que nos envuelven a los humanos. La inteligencia artificial que posibilita esta información, necesita de una inteligencia emocional que la guíe, por lo que ambos mundos deben establecer una simbiosis definida para llegar a un modelo mejor y más humano, que trate bien a las personas, que cuide antes de empezar a curar. El humanismo digital es la apuesta clara por ese futuro, utilizando el potencial de las máquinas para todo aquella tarea rutinaria, repetitiva y carente de emoción, y así liberarnos de todo lo que no nos estimula como seres creativos y culturales.

¿Utópico?

Tal vez.
¿Necesario?

No que queda ninguna duda.

Esta medicina líquida en blog no es más que un ejercicio del autor de intentar plasmar todo aquello que, partiendo de lo que vive por su profesión, y fascinado por la nueva realidad que nos rodea, intuye, deduce y presume que puede ser la vida. Ciencia y emoción a partes iguales. Mucha subjetividad cuando divago, toda la objetividad que puedo cuando trato de argumentar ideas. Y mezclado en un vaso que huele a médico que disfruta (y sufre) mucho mientras escribe, sin más.

Espero que te guste. Si crees que merece la pena ser leído, comparte y difunde sin miedo.

Y, sobre todo, gracias por tu tiempo.

Que tu jarabe de letras sea terapéutico.