Estamos tan familiarizados con la idea que no somos conscientes de cuánto nos condiciona la vida y cómo nos organizamos en torno a ella. No es exclusiva de la tradición judeocristiana de nuestro medio ni mucho menos, aunque es obvio que «El Mesías» lo tenemos más a mano que «El Elegido» o «El Uno», como Neo en Matrix. El caso es que esta figura aparece y desaparece del mapa más veces de las que creemos, y eso importa, sobre todo en estos asuntos de la salud que tanto nos entretienen.
¿Qué hace al mesías un buen mesías?
Un mesías homologado cumple con al menos estas cinco características de serie:
1. Es destinado o elegido por fuerzas superiores.
2. Posee habilidades especiales y poco habituales.
3. La comunidad, hasta arriba de problemas, deposita sus esperanzas en esa persona.
4. Desde luego debe enfrentarse a las fuerzas del mal —muchas veces identificadas por el propio mesías— y restaurar el orden.
5. Tiene una buena genética para ir de mártir.
A partir de aquí ya tenemos el escenario montado y el teatro puede comenzar. Tomen asiento y disfruten. ¿Creen que desvarío? Pienso que no. Miren bien a su alrededor y analicen cómo se organizan hospitales, centros de salud y demás andamios sanitarios. Jefaturas, direcciones, gerencias… ¿A qué suena esto?
Jerarquía y poder: ¿modelo en crisis?
Un modelo piramidal tiene sentido si se dan alguna de estas dos condiciones.
Primero, cuando ni el conocimiento ni la información se distribuyen de manera equitativa.
Segundo, cuando las decisiones críticas no pueden tomarse desde la emoción.
Un soldado en una guerra que tiene miedo y carece de la visión global de la batalla es un buen ejemplo. Por eso debe obedecer a su mando, a veces por su propia supervivencia, pero en general para actuar con una estrategia global que está por encima de él. Un residente en una cirugía, un aprendiz de piloto…, todo se beneficia de la jerarquía en esas circunstancias.
Pero las decisiones en un servicio médico, donde cualquiera puede estar tan informado como cualquier otro, y donde no se debaten urgencias vitales sino líneas estratégicas y modelos de trabajo, ¿a quién corresponden? ¿No se diluye la figura del jefe como algo bastante anacrónico y a revisar? La cuestión es mucho más perversa cuando los que no son jefes no se sienten escuchados. Algunos guerrean y protestan, pero la gran mayoría sospecho que se rinden y aceptan en silencio que «ahora toca esto y mañana tocará lo otro, porque así lo dicen los de arriba»
Y este es un abono perfecto para creer en que un nuevo jefe, otro director o el cuarto gerente en dos meses cambiará las cosas. Alguien especial que se batirá en duelo con los opresores sacrificando su carrera para, por fin, trabajar bien y atender a los pacientes como toca.
¿De dónde nace el verdadero cambio en salud? En el equipo
Un cambio es un cambio no porque lo diga yo, sino porque todos participamos de él. Lo demás es maquillaje. En sistemas de trabajo tan complejos sólo se puede funcionar con modelos distribuidos y alineados. No solo en lo vertical, sino también y sobre todo en lo horizontal. Es cierto que hay sensibilidades y gustos dispares por la gestión o que algunas cosas se nos dan mejor que otras. Pero eso no quita que cualquier facultativo tenga toda la información disponible para que pueda opinar con datos y no con suposiciones.
Ya estamos cansados de leer frases cuquis que separan jefes de líderes, y sabemos que necesitamos ese liderazgo para sostener el día a día. Pero seguimos anclados en modelos medievales con espadachines feudales batallando entre sí y sus siervos rezando por la pronta venida del redentor. Puedes tener más o menos camas, tres o cuatro resonancias, dos o veinte consultas más… Seguirás igual, porque la película no va solo de la cantidad de recursos, sino de calidad organizativa y la conciencia de propósito que tiene el médico a pie de cama.
Sin propósito no hay equipo.
También un buen eslogan tuitero para buscar likes y deditos arriba. Pero lo he sentido en mis carnes. Sin saber a qué venimos, inmersos en la soledad de la muchedumbre diaria que corretea por los pasillos, poco vamos a avanzar.
Que esto no va de otro jefe, insisto. Esto va de que todos participen y se metan en algo que les trascienda. Misión, visión y valores. Más tópicos, que esto es la guerra. Pues sí, más tópicos si se quiere ver así, pero hasta que no tienes claro que sin una misión que cumplir, una visión sobre cómo llegar más lejos, y unos valores que marcan el camino, toda organización o colectivo humano no sale de casa.
Lo estamos haciendo al revés. Buscamos el propósito una vez elegido el modelo.
Tal vez cuando iniciamos este recorrido la comunidad médica no estaba preparada para incorporar pensamientos propios de la empresa o de la gestión de equipos. En la facultad solo se estudia la teoría de la profesión, no la práctica real, y acertando preguntas de MIR no se organiza a un grupo de anestesistas cabreados. Vamos tarde con los cambios, y esto no lo arregla ni la inteligencia artificial ni los gurús del paintball terapéutico.
El ejercicio de la medicina colectiva frente al western en solitario.
Todos conocemos a outsiders y pistoleros por las plantas y las consultas. El forajido médico es un clásico, con su alma carbonizada, el sarcasmo tatuado en la bata y ondeando el fonendo en el aire, preparado para sacudir a quien se le cruce en su camino hacia la jubilación. También podemos nombrar a esas almas abnegadas y llenas de resignación, entregadas a la causa y reptando hacia el mismo ansiado premio final de la barraca laboral que nos ha tocado vivir. Ejemplos adaptados de lo que ocurre en organizaciones disfuncionales.
Y esto sería comprensible en una fábrica con su modelo de cadena de montaje donde al operario le importa su producto un auténtico y genuino carajo. En realidad no hace falta que le inquiete, porque todo está ya diseñado por alguien y su trabajo se limita a ejecutar. Pero aquí, donde se nos encarga la salud y el bienestar de sus semejantes, no podemos permitirnos esas licencias. Sin propósito no hay equipo y la medicina solo se entiende de esa manera. Hay estrellas y mentes clarividentes, pero a pie de cama debe haber un equipo y a pie de despacho debe haber un equipo. No redentores ni iluminados. Equipos.
Cultura de equipo: ¿utopía o reto?
La pregunta en realidad es más compleja, o más sencilla. ¿Están dispuestos todos los agentes a hacer equipo en un sistema que nunca pensó en los equipos? ¿Estás dispuesto a trabajar con gente del Madrid si tú eres culé hasta la muerte? ¿Podemos cambiar a estas alturas la cultura organizativa de organizaciones inspiradas en castillos con foso?
No lo sé. Este tipo de ideas suelen caer en saco roto. Los forajidos pasan de todo, los mártires no tienen tiempo entre flagelo y flagelo y los jefes pata negra olfatean la amenaza de inmediato. Lo tenemos mal, soy pesimista y lo reconozco. Lo tenemos muy mal.
Por eso, confieso, igual también espero a la venida de alguien que ponga orden en todo esto…
¿Y si eres tú y no lo sabes?
¿Y si tu voz y tus actos influyen más de lo que crees?
¿Y si todos nos lo creemos un poco y nos arriesgamos a decir las cosas?
Varias voces hablan de esto
Recuerda que Neo tuvo que elegir entre la pastilla roja y la azul. La realidad nunca es amable y te vas a llevar muchas tortas si te sales del tiesto.
Yo elegí la roja y así me va.
Pero contento.
Enlaces:
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