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Ya se acaba la noche. Este despertador es verdad que suena un poco a cascajo. Tiene las campanillas duras como el demonio, y cada día, a las seis en punto, ahí que está, desde que nos lo regaló padre para la boda. Don Alfonso, el gerente, con su acento argentino, les llama “verdugos de sueños”. Habla muy finolis él, como si se creyera un señor importante. Cosas del trabajo, Nati, ya sabes.

A ti el reloj no te hace falta, que andas siempre medio desvelada y saltas de la cama como un resorte; pero a mí, si no fuera por él, ni con grúa me sacan de entre las sábanas. Sí, ya sé que te has levantado hace un rato. Dices que estás muy cansada, pero mira también cómo estoy yo, que tengo la espalda fatal, de tanto caminar y saltar de despacho en despacho con el maletín, que según entra la tarde ya me pesa como una piedra, de todo el papel que llevo para el archivo. Tienes mucho mérito, y te lo reconozco: que de tan buena mañana te puedas poner como si nada a quitar legañas a este par de sonámbulos en miniatura, y a calentar la leche y a preparar las galletas y los bocadillos, y dejarlo todo arreglado y en su sitio, no lo hacen todas. Los chavales a veces se piensan que están en un hostal. ¡Menudos granujillas están hechos! Si no fuera por ti, no sé qué haríamos, de verdad te lo digo.

Por eso te quise dar una sorpresa. Lo encargué en la tienda de Juan; él ya sabía que era secreto y no te dijo nada si te vio camino al mercado o a casa de madre, que, por cierto, se pone muy contenta cuando vas y le apañas la casa con cuatro avíos. Ya sé que es un poco arisca contigo, eso le ha venido de siempre de familia. No te enfades tanto con ella, mujer, que no tiene intención ninguna. Ya te digo yo, que la conozco bien, que en el fondo te aprecia muchísimo.

Mira que me costó dinerito y tiré de los ahorrorillos para lo del viaje ese a la costa que te hacía tanta ilusión, pero mejor lo dejamos para el año que viene, te lo prometo, que el mar no se va a mover de su sitio y, con suerte, don Anselmo me asciende en un par de meses y ganaré unos cuantos duros más. Dicen que es azul o verde, según el viento, pero ya iremos a verlo.

¡Ay, Nati, de verdad que no sé por qué estás así! ¡Que te he comprado la tele más grande de Casa Juan! ¡A todo color y con no sé cuántos canales! ¡Y alemana, que son las mejores! Eso sí, el domingo la reservamos para el fútbol, que ya tengo a todos los de la panda apuntándose para venir a casa. Que se traigan también a la Loli y a la Carmen, que así os entretenéis vosotras y te ayudan a preparar el aperitivo. Pero luego, entre semana, es tuya, que seguro que encuentras algo, como la mujer de Fabián, que también tiene una época de llorera. Pero oye, que se pone a mirar una serie y se calma. Dice Fabián que así pasa la tarde tranquila y, total, como sus chicos ya son grandes y no tiene nada mejor que hacer, pues tan ricamente.

¡Ya verás, ya verás! A ver si se te va ya la pajarera de la cabeza, que esto es una racha de esas tontas que tenéis las mujeres modernas. Mira que madre y las tías pasaron penurias, que antes no había más que cuatro mendrugos de pan, y nunca soltaron ni una lágrima. Y padre, ¡qué te voy a contar! No somos como ellos, de otra pasta, recios y secos, como los garbanzos. Ya me dijo Carlitos que el otro día te buscó un pañuelo para enjuagarte de los sollozos… ¡Pero venga, mujer, que mira que no nos falta de nada! ¡Mujeres, mujeres! ¡Cómo sois!

Bueno, me voy a duchar corriendo que hoy tengo una reunión importante con los suecos, esos que te conté que se volvían locos con la paella y las españolas morenas. ¡Anda que si probaran la de madre! Estará don Alfonso, el gerente, ese que te contaba antes que habla tan fino. Debe ser cosa de los argentinos, que se pasan el día en las nubes y leyendo a un tal Borges, o eso dice don Anselmo. En fin, la gente, que es muy rara por ahí afuera. Mira que llamar verdugos de sueños a los despertadores…

¿Está planchado el traje azul marino? Sí… en el armario, es verdad. ¡No sé dónde tengo la cabeza ya, Nati!

Venga, me tomo el café y me voy pitando que no llego.

¡Hasta luego chicos!


#hombresyalgunasmujeres