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Nueva actualización a 1/04/2020:

Es innegable que en el momento de escribir la primera versión de esta entrada yo no esperaba una situación como la que estamos viviendo en nuestro país, o como la que se está viviendo en el resto del mundo. No me consuela pensar que otros, tanto o más versados como yo en el tema, tampoco parecieron entender lo que se nos venía encima. En ciencia, y quizás en la vida, hay algo más importante que los datos: la humildad y la capacidad de rectificar cuando uno se equivoca o no acierta. Incluso diría más: aún cuando siendo básicamente correctos en nuestros razonamientos, somos incapaces de ver más allá de ellos. Reviso el post original y no encuentro datos ni argumentos especialmente erróneos; cada vez me parece más clara la crisis no sólo sanitaria, sino profundamente cultural en todos sus aspectos. Pero, efectivamente, no se intuye en su lectura ni una pizca de perspectiva o proyección de los sucesos que todos estamos viviendo. Esto no significa que la alarma o la preocupación sean ya buenos y necesarios. En absoluto lo son. Pero es también obvio que las cosas se podían haber hecho de otra manera.

El juicio político lo dejo para otro momento, porque ahora no es el momento y todavía éste no es el lugar. A toro a medio pasar, como medio mundo solo y sin poder acompañar o llorar a los suyos, no es el momento de avivar el fuego sino de escapar de él. Pero no me resisto a un experimento mental. Si hace dos meses, el gobierno nos hubiera puesto una mascarilla a cada uno, con la obligación de quedarnos todos en casa y a dos metros de distancia, ¿cuántos hubiéramos aceptado de buena gana y hubiéramos acatado sin rechistar? Yo no. Y ese es un problema añadido y gravísimo: no confiamos, ni hubiéramos confiado, ni probablemente confiaremos, en los gobiernos, sean del pelaje que sean. Aunque hubieran acertado y hubieran evitado, o al menos suavizado, el tsunami que nos está barriendo.

Esta falta de confianza por desgracia está más que fundada. Somos conscientes que siempre priman los criterios políticos sobre los técnicos. Y no sólo aquí. Europa, por no decir el mundo entero menos dos o tres países, ha dado muestras de un despiste inaudito. Y errar es humano, y hasta perdonable cuando se yerra pensando en el bien común. Pero cuando lo único que se calcula es el rédito político, ya da todo igual, porque los números nunca van a favor del ciudadano.

Reviso de nuevo el post y trato de aportar algo más de claridad y apuntar dónde pueden estar las claves que en un principio pasaron desapercibidas. Cómo un simple virus ha doblegado al mundo será estudiado para siempre en las escuelas, y a buen seguro que encontraremos un escenario completamente nuevo al otro lado del túnel. Como digo, yo al menos, sin decir nada esencialmente incorrecto, no supe ver ni en dimensión ni en perspectiva la magnitud del problema, con tantas ramificaciones como facetas que tiene la vida, así que sirvan estas palabras para contrarrestar esa miopía. Siempre es conveniente recordar que ejercer la medicina es, valga el autobombo, vivir en una nube de humildad.


Este post ha sido actualizado el 14/3/2020 en vista de la situación excepcional a nivel mundial que estamos viviendo con la pandemia por coronavirus (COVID19). En esta situación de desconcierto, la información veraz y actualizada es nuestra mejor arma. Nuestros servicios sanitarios están sufriendo un estrés sin precedentes, por lo que todos, como individuos, tenemos el deber ético de utilizarlos de la mejor manera posible. Por favor, infórmate siempre de fuentes fiables y de calidad para tomar tus decisiones. Iré actualizando la información en la medida que considere que pueda ser relevante para el potencial lector. Gracias por la lectura.

Si alguien tenía alguna duda del potencial absoluto (constructivo o destructivo) de internet, espero que apague su escepticismo de inmediato y para siempre con una buena dosis de coronavirus a presión, en cualquiera de sus formatos digitalizados e inocuos. Pasearse por las redes, las televisiones y los diarios digitales recuerda a las míticas carreras de supervivencia de Rambo a través de un infierno repleto de charlies. La alarma social, un eufemismo políticamente correcto para evitar hablar de histeria colectiva, y que ha convertido la fiebre del oro en la no tan lucrativa aunque más ridícula fiebre por la mascarilla, merece un análisis sociológico profundo sobre cómo los humanos nos comportamos con el exceso de información y, sobre todo, de nuestra escasa preparación para distinguir una fuente fidedigna de conocimiento de cualquier otro chiringuito regentado por cuñados y variopintos expertos universales en todas las cosas del universo.

No es cuestión de banalizar la infección, de ridiculizar el pánico o de acusar de ignorante al ciudadano.

Se trata de un problema de salud pública sobre el que es necesario tomar una serie de medidas, al igual que se hace con el virus de la gripe o cuando algún volcán despierta y nos deja sin vacaciones. Lo que no sé si queremos ver, es que, si bien hoy todos vamos a morir por un coronavirus asesino, mañana lo haremos por una megabacteria y pasado por cualquier otro engendro viviente que nos devorará entre espasmos agónicos y dolores insoportables.

Curiosamente, en la era en la que más información tenemos, menos sabemos manejarla.

En nuestro presente, que como nos contó Hans Rosling de manera magistral, mejor vivimos en el mundo, más miedo tenemos de morir.

¿Es una crisis sanitaria?

Puede, pero seguro que, además, se trata de una crisis cultural.

14.3.20

Efectivamente, es una crisis sanitaria, pero nuestra respuesta a fecha de hoy no deja dudas de que también se trata de una crisis cultural ante el dantesco espectáculo de los supermercados arrasados y de cientos de sujetos asumiendo como merecidas vacaciones una cuarentena que ahora se ve como imprescindible.

Para averiguar el origen de algo es mejor empezar primero por lo sencillo. El rastro del dinero, las balanzas de poder, o los reinos del placer, son los que suelen ocupar los intereses habituales del humano estándar la mayor parte del tiempo. No me corresponde elucubrar aquí sobre conspiraciones acerca del origen del virus y si en realidad todo esto es un complot internacional para cargarse el Mobile de Barcelona. No voy por ahí y no tengo la menor idea al respecto. Vaya usted a saber.

01.04.2020

Parece bastante claro que el origen del coronavirus viene de un salto entre especies, probablemente desde los murciélagos. Estos saltos son habituales y han ocasionado otras epidemias, más o menos agresivas, de enfermedades por otros tipos de coronavirus.

Mi tesis aquí versa sobre nuestra reacción frente a la amenaza potencial de un riesgo percibido. Nos encontramos en un escenario particular, en el que generamos una respuesta desproporcionada frente a una amenaza baja, mientras obviamos otras amenazas mayores a pesar de alertar sobre ello: coronavirus versus gripe, sin ir más lejos.

01.04.2020

A pesar de lo que estamos viviendo, la amenaza de sufrir una enfermedad grave sigue siendo baja. Y es muy probable que tú que estés leyendo esto ya sepas de amigos o familiares afectados, graves e incluso fallecidos. Yo también. La cuestión aquí es entender que el número de personas infectadas es muy, muy grande, y por tanto, aunque las complicaciones graves se den en pocas personas, estas pocas (en porcentaje) ya son muchísimas. Por desgracia, la estadística es fría, porque para un afectado, todo es el cien por cien. Pero es nuestra herramienta para comprender el mundo en este tipo de sucesos. Pienso a día de hoy que subestimar este potencial de transmisión fue un error.

14.03.20

A la espera de tener más datos, la probabilidad a día de hoy de sufrir una infección grave, a pesar de todo lo que estamos viviendo, sigue siendo baja. No ya de infectarnos, que por lo que vamos viendo y dado que se trata de una pandemia, será prácticamente inevitable más tarde o más temprano.

Y tras mi análisis subjetivo, extraigo varias conclusiones.

Primera, que se confirma una vez más que comprendemos mal, pero que muy mal, ni el concepto ni la magnitud de eso que llamamos riesgo.

Segunda, que cada vez está más difícil distinguir lo verdadero de lo falso, y que la posverdad está ganando la partida.

Tercera, y lo más grave, que estamos ante una crisis social encubierta y terrible: la crisis de la ignorancia en un entorno de sobreexposición.

01.04.2020: Cuarta y visto en perspectiva no menos grave: la necesidad de cuestionar un sistema político que no sólo no vio la amenaza (tal vez excusable), pero sobre todo, que no genera confianza porque de haberla visto, nadie le hubiera creído.

Trataré explicar de manera sencilla todo este lío, como siempre, abusando de la simplificación y de la estadística de la señorita Pepis, en aras de ganar comprensión sobre el concepto de riesgo, para luego hilar un par de reflexiones sobre lo que podemos hacer para evitar que este tipo de situaciones se repitan.

Riesgo, riesgo absoluto, riesgo relativo y el riesgo de cada uno

El riesgo es un concepto matemático que representa la probabilidad (la medicina es un gigantesco ejercicio de probabilidad) de que ocurra un evento, en nuestro caso negativo (enfermar o morir, por ejemplo), a causa de una condición determinada (una infección o un accidente). Es un cociente, derivado de dividir el número de casos detectados entre el total del número de individuos de la población a la que nos referimos.

R=(número de casos/número de individuos)

Si en una sala donde hay mil personas resulta que se han robado diez carteras, el riesgo de robo es diez entre mil, o sea, un 1 por ciento

Riesgo de robo=(número de robos/número de individuos)

Rrobo=10/1000=0,01

Rrobo=1/100

De cada 100 personas de la sala, a uno le han robado, o dicho de otro modo, la probabilidad de que te roben la cartera en esa sala en concreto, es del uno por ciento. A esto lo llamamos riesgo absoluto.

Pero, imaginemos que fumigamos la sala con un insecticida antiladrones y que después de un tiempo, observamos que sólo a 5 de cada mil les han birlado la billetera. Entonces, el riesgo absoluto de que te roben es del 0,5 por ciento.

Rrobo2= 5/1000=0,005

Rrobo2=0,5/100

Y aquí viene el primer concepto que puede inducir a error: el riesgo relativo. Si comparo la sala antes y después de fumigar, deduzco que se ha reducido la probabilidad de robo del 1% al 0,5%, esto es, ¡se ha reducido un 50%, la mitad!

Rrobo2-Rrobo1=0,01-0,005=0,05

Esto, de entrada, suena y nos parece mucho, pero en realidad, que del 1 bajemos al 0,5, es mejor, pero no es gran cosa, ¿verdad?

Eso es el riesgo relativo, cuando comparo la diferencia de riesgo entre dos poblaciones, en este caso la original frente a la fumigada.

Pues aquí va: la mayoría de titulares que hablan de riesgo, hablan (en el mejor de los casos) de riesgo relativo, que es un concepto cuyo significado no se puede interpretar sin saber de entrada los riesgos absolutos de los que depende.

Me invento este titular:

“Los robos en Madrid han aumentado un 50%”

Este mensaje es muy difícil de interpretar por por sí mismo. Aunque de entrada nos parece una barbaridad, no podemos afirmar tal cosa por tres motivos fundamentales:

1-Primero, hemos de definir muy bien qué es “robo”, esto es, el caso en cuestión que estamos midiendo. ¿Todos los robos? ¿Atracos a mano armada? ¿Robos de bancos? ¿Robos de coches? ¿A tiendas? ¿En casas?

2-Segundo, hemos de acotar la población de individuos a la que nos referimos. ¿Madrid es la comunidad o el núcleo urbano? ¿La almendra? ¿El centro?

3-Tercero, hemos de saber los valores sobre los que se calcula ese porcentaje. No es lo mismo un aumento del 50% sobre un robo por cada 1000000 habitantes que el mismo aumento si hablamos de un robo por cada 10 habitantes. El porcentaje es el mismo, pero la situación es obviamente mucho peor en el segundo escenario.

Vamos al mundo sanitario

Imagina el escenario en que tu probabilidad (riesgo) de padecer una enfermedad sea del 1 por 100000, y que alguien te ofrece un tratamiento profiláctico que reduce el riesgo en un 50%. ¿Te lo tomarías? Significa que tu probabilidad ahora sería de 0,5 por 100000, lo cual creo que no cambia mucho las cosas, excepto por lo que te cueste el medicamento y los efectos secundarios que te produzca. Ahora bien, si la probabilidad de que enfermes es del 60%, y este fármaco te la reduce a un 30%, siendo la reducción igual, del 50%, quizás la cosa cambie. Incluso si reduce tu riesgo de enfermar a un 40% (baja tu riesgo un 20%) te lo podrías pensar, en función obviamente de lo que implique esa enfermedad y las consecuencias del tratamiento.

Es posible que un medicamento que baje el riesgo un 10% de algo sea bastante más interesante que otro que baje un 80% el riesgo de otra cosa, porque depende del punto de partida: del riesgo absoluto de padecer algo.

Otro titular que no dice nada:

“Comer brócoli a diario reduce el riesgo de muerte en un 25%”

Si no sé cuál es mi probabilidad de muerte sin hacer nada (que deberé acotar en función de muchos factores, como mi edad, sexo, si soy hipertenso o tengo diabetes, pues a largo plazo es obvio que será del 100%), no sabré exactamente qué implica que el brócoli reduzca esa probabilidad un 25%. ¿De dónde partimos? Y esto, ¿a quiénes se aplica? ¿Sobre qué población hablamos? ¿Niños, ancianos? ¿El mundo quizás? Y, ¿cuánto brócoli hay que comer? ¿Un poco, tres brotes, un kilo?

Vamos con el coronavirus.

El riesgo de muerte por coronavirus está en torno al 3% según los datos a fecha de escribir este artículo, y es al parecer algo menor fuera de China (en España a fecha de hoy es cero, si bien es cierto que tenemos muy pocos casos y es de suponer que veremos bastantes más en un futuro no muy lejano)

14.3.20

En estos momentos, tras decretarse el estado de alarma, la situación en España es de 5753 casos diagnosticados y 136 fallecidos, un 2,4%

01.04.20

A fecha de hoy, los números en bruto son 102136 casos y 9053 fallecidos, lo que supone un 8,9% de mortalidad. ¿Ha aumentado, las primeros cálculos fallaron? La sospecha es que no, sino que el número de infectados (no todos los infectados son detectados, como se explica en el siguiente bloque) es muchísimo mayor. El estudio del Imperial College estima que en España podría haber 7000000 de personas infectadas (desde el 3,7% hasta el 41%, sin entrar en el modelo estadístico).

Este número, sabiendo lo que sabemos, es determinante, por los siguientes motivos:

1-Implicaría una mortalidad bruta de 0,12%, pero una capacidad de infección y transmisión elevadísima. Puesto que en la mayoría de los casos la infección es asintomática o paucisintomática, tenemos un problema, porque no podemos aislar a los infectados a no ser que hagamos tests masivos a la población (estrategia que sí se hizo en otros países)

2-Esta capacidad de avance silenciosa es determinante para que la infección alcance a los grupos de riesgo, es decir, a las personas en las que la infección tiene más probabilidad de producir complicaciones graves. Sabemos algo más de estos factores de riesgo, pero se postula una susceptibilidad individual determinada por condicionantes todavía desconocidos que implican que unas personas progresen y otras se curen sin mayores problemas. Desconocemos todavía cuáles pueden ser esos factores, pero sabemos por ejemplo que en niños prácticamente no causa problemas y que éstos, en cambio, son agentes portadores y transmisores importantísimos.

¿Qué significa esto? Pues que la probabilidad de muerte entre las personas en las que hemos detectado infección (y esto es fundamental) es de 3 de cada cien. Pero es que esa población en la que hemos detectado la infección ( sobre la que hemos hecho los tests que confirman el coronavirus, principalmente en hospitales) no son todos los infectados, porque muchos de ellos son asintomáticos y otros tendrán síntomas similares a un catarro común y no van al hospital. Lo normal es que este número de detectados sean los pacientes más graves de todos, porque son los que buscan asistencia médica y acaban estudiándose.

El 3% de mortalidad es sobre la población detectada y estudiada, no sobre la totalidad de los infectados, que en estos momentos no sabemos cuántos son. Por lo tanto, el porcentaje real será sensiblemente menor que ese 3%

Hasta la fecha desconocemos cuál es número total de infectados, y es imposible saberlo con exactitud, pues implicaría hacer un test a todas las personas del mundo a la vez. Pero es evidente que esas cifras de riesgo de muerte deben ser más bajas si consideramos la totalidad de la población infectada y no sólo la confirmada.

14.3.20

Estoy completamente de acuerdo con el razonamiento del Dr. Marcos: el número de infectados debe seguir siendo muchísimo mayor que el de detectados y las elevadas cifras de mortalidad en Italia, por ejemplo, se deben a otros factores.

Por otro lado, no todos los infectados se comportan igual, pues las personas mayores y con enfermedades añadidas presentan más riesgo que las jóvenes y sanas, exactamente igual que frente a cualquier otro virus o una infección de otro tipo.

El resumen de todo esto es que la probabilidad de muerte por coronavirus es baja, muy baja, y más si eres una persona sana.

Y te doy otro dato para que compares: cada día mueren en accidente de tráfico 3700 personas al día. Al día. Y no hay ningún histerismo respecto a eso.

¿No te basta? Pues que sepas que a fecha de hoy es mucho más probable que mueras de gripe, aunque la buena noticia es que es muy improbable que mueras por gripe y mucho menos por coronavirus.

14.03.20

A fecha de hoy la gripe ya está en retirada. La mortalidad por gripe estacional está en torno al 0,1%, mientras que la causada por coronavirus puede ser sensiblemente mayor, por lo que ahora la proporción puede ser diferente. Aún así, recuerda que sigue siendo improbable que tengas una infección grave o mortal por coronavirus. Siempre es posible, pero recuerda que la estadística nos ayuda a objetivar el riesgo.

01.04.2020

Por qué la gripe estacional, que presenta unas cifras realmente impresionantes, no causa el colapso del sistema sanitario es un tema complejo que será estudiado en su momento, pero según estas estimaciones, sólo en Estados Unidos la temporada de gripe 2010-2020 costó entre 24000 y 62000 muertes. A fecha del 31 de marzo de 2020, 2860 (obviamente serán muchas más en el futuro y no se trata de ganar ninguna carrera, sino de entender por qué está pasando lo que está pasando y evitar que ocurra de nuevo)

Una aproximación obvia para explicar esta auténtica avalancha de casos es combinar valor del Ro, esto es, el número reproductivo básico, que se estima en torno a 2,5, que se encuentra a una población no inmunizada. Una simple simulación nos puede hacer comprender que una propagación rápida en un entorno desprotegido es como una cerilla en un pinar. Grosso modo, 2,5 implica una propagación exponencial explosiva aunque nos parezca un número pequeño

Y tengamos en cuenta lo siguiente: una cosa es el riesgo de muerte en caso de que infectes, que ya vemos que es muy, muy bajo, y otra el riesgo de infección, que es mucho más bajo todavía, porque lo normal es que te encuentres a diario con más personas sanas que enfermas, y que de encontrarte con una enferma o portadora, no significa que automáticamente te contagies, pues depende de diversos factores, como que te tosan, escupan, besen o toquen. Por eso se insiste tanto en las medidas de higiene: para minimizar el riesgo de contagiarte en el hipotético caso de que te encuentres con alguien infectado o portador. Mira este hilo del doctor Miguel Marcos.

14.3.20

POR ESO DEBES QUEDARTE EN CASA. YA. EVITA EL CONTACTO SOCIAL EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE. ES LO MEJOR QUE PODEMOS HACER PARA EVITAR LA PROPAGACIÓN DEL VIRUS

Es poco probable que te encuentres con alguien infectado, pero evidentemente es posible. Por eso lo importante es adoptar medidas de higiene habituales y evitar el contacto social. Con el tiempo seguramente haya más y además todos viajamos mucho (a fecha del 14-3-20 como ves se está prohibiendo viajar)

14.03.20

En estos momentos la situación según datos oficiales es de 140000 personas infectadas en el mundo, con la peculiaridad que existen datos de remisión en la zona de origen (China), en parte gracias a las medidas extraordinarias de contención adoptadas allí, y zonas, como la nuestra, en plena curva ascendente de casos.

1.04.2020

Se estiman a fecha de hoy unos 800000 casos confirmados en el mundo (recordemos que infectados hay muchos más). Parece que los datos de China hablan ya de cero contagios internos y la situación está controlada en esa zona.

Insisto: es un problema de salud pública y eso es evidente. Nos quedan preguntas por resolver y muchas cuestiones que aprender. Pero vamos a poner cada cosa en su sitio y a dejar de robar mascarillas porque además se las estamos quitando a quien las necesita de verdad.

14.3.20. ¿Qué está pasando?

El día 14 de marzo de 2020 se declara el estado de alarma en España y se toman medidas extraordinarias para contener la propagación de la infección. ¿Por qué?

1-Porque en las zonas más castigadas los hospitales están sobrepasados pues no tienen capacidad efectiva para atender a todas las personas graves. Aunque el riesgo de padecer complicaciones graves sigue siendo bajo, el número de infectados cada vez mayor hace que se saturen los recursos disponibles.

2-Pensemos que por lo general, las UCIS están trabajando al 80-90% en condiciones normales, atendiendo pacientes con ictus, infartos de miocardio, infecciones graves o accidentes. Es relativamente sencillo colapsar una UCI: por lo general no hay tanta gente en estado crítico a la vez; esto sólo ocurre en situaciones excepcionales.

3-Por ello se trata de «aplanar la curva». Se asume que este virus va a circular por toda la población y la mayoría de nosotros va a estar expuesto a él. Esto significa muchos contagios y, por lo tanto, muchos más pacientes graves a la vez para el volumen de recursos disponible. Para parar esta explosión de casos, la única manera efectiva es evitar los contagios, y para ello se debe extremar la higiene y evitar el contacto social en la medida de lo posible. Por ello se ha parado la actividad y se insta a todas las personas que se queden en casa. Este artículo de The Lancet sobre la experiencia en Italia lo explica con claridad

QUÉDATE EN CASA Y AYÚDANOS. YA

4-La tendencia habitual asume que con el tiempo las cepas más virulentas dejarán de replicarse, pues son las que por desgracia causan más muertes y por tanto se transmiten menos. Las cepas que causan cuadros menores o leves pueden pasar inadvertidas y se transmiten con mucha mayor facilidad.

01.04.2020

Se ha escrito mucho y variado sobre el confinamiento, si hemos llegado tarde, si habría que haber adoptado otras políticas, etc. En estos momentos, cuando la situación está fuera de control y el sistema sanitario está desbordado en algunos puntos parece razonable pensar que lo único que podemos hacer es evitar el número de contagios para acabar con esta pesadilla. Sí, llegamos tarde y no fuimos previsores de lo que se nos venía encima. O lo sabíamos y no hicimos nada, que es lo peor.

Parece que la estrategia de tests masivos y aislamiento precoz de casos y contactos ha sido la clave. Digamos que la conciencia de un peligro potencial, abordada de una forma racional, ordenada y precoz, ha evitado no solo un colapso sanitario, sino otro económico y social sin precedentes. Ni la negación ni el alarmismo han ayudado lo más mínimo. Espero que aprendamos la lección.

Las fuentes fiables, las redes sociales y el síndrome del manitas

Si uno tiene un problema con el coche, va al mecánico.

Si se rompen los grifos de casa, llama a un fontanero.

Pero si uno es un manitas, igual se salta esos pasos y trata de solucionar los problemas solo. Y esto, el síndrome del manitas, que puede funcionar en algunos ambientes, en medicina suele fracasar estrepitosamente. No debemos fiarnos de opiniones gratuitas y debemos saber distinguir quién dice qué, y para eso, nada como saber navegar en un océano lleno de contradicciones. No es fácil, y los profesionales tenemos la obligación de desbrozar este monte.

La vorágine de las redes sociales y el sensacionalismo con el que algunos periodistas están adornando las noticias establece una nebulosa de información en la que un usuario medio puede tener dificultades para diferenciar la ciencia de la charlatanería. Recordemos lo malos que somos entendiendo la magnitud de los riesgos.

Las instituciones sanitarias y los organismos oficiales con capacidad de opinión deben, de una manera rotunda, entender que se debe emitir un mensaje claro, conciso y adaptado a la población general por todos los canales posibles.

La relación de confianza se establece con un lenguaje preciso que explique las cosas como son, sin edulcorantes infantiles ni dramatismos de opereta, sin ocultar las lagunas y sin obviar las consecuencias.

No se trata sólo de emitir un comunicado de prensa y ya está, sino que hay que fabricar el mensaje y adaptarlo a la población del siglo XXI: el lenguaje de internet, las redes sociales y las comunidades de pacientes. No menospreciemos las redes: estamos delante de las consecuencias nefastas de mirar hacia otro lado. Tampoco es censurar, sino realizar el esfuerzo para crear un mensaje concreto, canalizarlo y hacerlo tangible a la población. Twitter, Instagram, Facebook. Algunas nos gustan más que otras, pero son herramientas que hay que aprender a usar. La población nos busca, así que hagamos que nos encuentre y que nos diferencie de los vendedores de crecepelos.

14.3.20 FUENTES FIABLES DE INFORMACIÓN

Ministerio de Sanidad y Consumo

Organización Mundial de la Salud

CDC

Agencia Europea para la seguridad y la salud en el trabajo

Todo empieza en el colegio

Ante crisis como esta, es inevitable pensar “y lo que nos espera”. Porque esto (no el coronavirus, que también), no ha hecho más que empezar. Tormenta perfecta: desconocimiento elemental de los conceptos de riesgo, infoxicación continua sin control de las fuentes y, de postre, un modelo educativo que se ha olvidado de asegurar la comprensión lectora, el razonamiento crítico y las competencias para moverse en entornos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos o en nuestros anhelados universos líquidos.

El resultado ya lo estamos viendo. En un mundo con más acceso que nunca a la información y donde se supone que la mayoría de los ciudadanos han tenido acceso a un mínimo de formación, más caos y descontrol.

14.3.20

Insisto que aunque somos admirables, los humanos somos capaces de las conductas más absurdas. Por favor, no arrases en el súper, no se acaba la comida y hay personas con más necesidades pero que corren menos que tú que se van a encontrar con los estantes vacíos. No sufrirán por el coronavirus sino por el egoísmo ridículo de una horda de maleducados y desinformados. Si ya con el robo de mascarillas pensábamos que habíamos tocado techo, la obsesión casi fetichista por el papel higiénico postula de manera clara la existencia de un mínimo número de neuronas funcionando en alguna parte, no del cerebro, sino donde la espalda pierde toda su nobleza. Increíble.

01.04.2020

Añádanse posibles corolarios:

El primero, que después de vivir el desastre, la policía tenga que seguir multando y encarcelando a personas que deciden ir por libres y saltarse la cuarentena, como si no fuera con ellos, dice poco de las personas. Claro que porque yo me vaya solo al bosque no va a pasar nada, pero sí pasará si vamos todos a la vez, así que las medidas de confinamiento son para todos y porque es incontrolable el número de personas que deciden ir al bosque o a la plaza.

El segundo, que este confinamiento y esta parálisis económica nos va a pasar factura. El mundo va a cambiar, ya está cambiando, y se presenta un futuro más que incierto y duro para muchas personas. No lo vimos venir, pero aquí está. Vamos a tener que reconvertirnos sí o sí en algo de valor para esta nueva era, vamos a tener que echar más de un cable.

Tercero, que el impacto emocional va a ser extraordinario. La dureza de no poder acompañar, de no poder despedir, de no poder consolar, no tiene precedentes. El precio a pagar va a ser muy alto y llega una temporada durísima donde vamos a tener que sacar lo mejor de nosotros para no castigarnos todavía más.

Cuarto, y que no puedo dejar de pasar por alto, la labor absolutamente descomunal que está haciendo todo el personal sanitario con una precariedad de medios también sin precedentes. Insisto: si no lo vimos porque el gabinete de expertos de todo el mundo se equivocó con su buena fe, porque era muy difícil de ver, tiene un pase. Pero si lo vimos y no hicimos lo que había que hacer, merece una revisarse con total seriedad para qué sirven los gobiernos en el mundo actual y, sobre todo, en el que viene.

No creo en conspiraciones, ni creo en nada en particular. Pero veo con claridad que todo este pandemónium es el síntoma del fracaso de una cultura que no está cuidando de uno de sus pilares: la educación.

Puede que sea una emergencia sanitaria controlar la propagación de la infección, pero es otra emergencia cultural dejar de situar al cuñadismo, el tronismo y, en definitiva, a la ignorancia supina, como los nuevos oráculos de occidente.

01.04.2020

Y me remito al ejemplo coreano, hasta donde lo conozco. Con total serenidad, educación y lógica se llega lejos. Mucho más lejos.

En resumen, al margen de mis quejas, y por ponernos manos a la obra, animo a toda persona de bien a que lea, se instruya, piense y cuestione lo que se le ofrece, y a todos los profesionales, especialmente los sanitarios, a que seamos conscientes de que nuestra presencia y nuestro mensaje puede ayudar a hacer el bien, y es, en cierto sentido, una forma más de hacer medicina.