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—Sé que no debí hacerlo, pero…
—Lo has hecho…
—Sí, doctor, lo he hecho…
—¿Y bien?
—Estoy preocupado
—Exacto. Y, ¿sabes por qué estás preocupado? Porque ni el doctor Google ni tú sois médicos. Yo también estaría preocupado si te veo pilotando un avión en base a lo que has leído en internet y, es más, seguro que no se te ocurriría, ¿verdad?
—Cierto… Lo siento, doctor…
—No pasa nada, hombre… pero deja que te cuente la verdad sobre el doctor Google…

 

Es inevitable y lo sabemos: pon un cartel de “no mirar dentro de esta caja” si quieres asegurarte de que todo el mundo va a hacer lo imposible por saber qué extraño secreto se esconde allí dentro. Somos animales curiosos, queremos saber, y más si la cosa va de vida o muerte. Ese dolorcillo errante, un siniestro asterisco sobre el valor de la LDH de la analítica, la inquietante palabra acabada en “osis” o en “itis”…

 

Es el doctor Google, el nuevo oráculo en medicina. Tentador no preguntarle, porque además es inmediato y gratis, ¿verdad? Pues muy bien, consultémosle pero, para evitar disgustos, entendamos qué nos ofrece en realidad. Para ello es necesario entender la diferencia entre dato, información, conocimiento y sabiduría, un clásico filosófico-matemático que ahora rescatamos para entender de qué hablamos en realidad. Los bulos son un problema y eso es incuestionable. Pero la cosa va un poco más allá. Google, diciéndote la verdad, te engaña. Veamos por qué. 

 

Todo comienza en el dato

 

Dato: por lo general se trata de un hecho o un valor concreto, una medición, algo objetivo y puntual. Por ejemplo, la hemoglobina de tu analítica es de 10,4 gramos por decilitro, o la presión arterial que hemos tomado esta mañana es de 120/80 milímetros de mercurio. Pero también puede ser algo con un componente subjetivo, como un síntoma: dolor abdominal, mareo, visón borrosa. El dato en sí no implica nada, porque es un valor absoluto y neutro. La distancia de la Tierra a la Luna es un valor. ¿Es mucho o es poco? ¿Es bueno o es malo? Sólo con un dato aislado, no podemos saberlo. Necesitamos algo más. Hay que poner ese dato en su contexto. Una señal de tráfico en el comedor de tu casa no significa nada, pero en una autopista puede significarlo todo. Con los síntomas ocurre igual, y hemos de categorizarlo con ciertos descriptores, habitualmente desconocidos para el paciente, que nos permiten darle forma y sentido. ¿Cómo es ese dolor? ¿Cuándo empieza? ¿Qué lo alivia? ¿Desde cuándo? Un «dolor de barriga» no dice nada por sí mismo. Para empezar, hay que ponerle nombre y apellidos, cosa que no suele hacer nuestro doctor Google. Esto nos aproxima al siguiente concepto, la información.

 

El dato en su contexto: la información

 

Información: la información aporta al dato un significado, en forma de relevancia o de propósito a través de varios mecanismos. Por ejemplo, si digo que “tu tensión arterial sistólica durante el mes pasado ha oscilado entre 110 y 130 mmHg, con una media de 120” le añado un contexto personal (son tus medidas, no las de otra persona), una dimensión temporal (en el mes pasado) y un cálculo matemático (te comunico una media aritmética de los registros). Esto ya es información, algo que puede tener un significado desde el punto de vista médico. Esta información por lo general es transmisible y verificable. Pero todavía no podemos tomar decisiones sólo con información. Imagina que te digo que mi coche, un Fiat Panda del año 2000 (desconozco la verosimilitud del ejemplo) hace un ruido cuando cambio de marcha a 80 km/hora. A no ser que estes formado en mecánica del automóvil no sabrás qué hacer con esa información. Necesitas conocimiento.

 

Conocimiento: el valor de lo aprendido

 

Conocimiento: ¿qué debemos hacer con la información? Para saber si con esas cifras tensiones hemos de hacer algo o no, es necesario generar conocimiento a partir de los datos y de la información disponible. Esto se hace a través de estudios, ensayos clínicos, registros, etc. donde se comparan, por ejemplo, personas con diferentes cifras tensionales y se objetiva si existe alguna diferencia entre ellas. Así, sabemos que las personas con hipertensión arterial tienen más riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus. Ese conocimiento es el que nos hace pensar que puede ser una buena idea introducir un fármaco que reduzca la presión arterial si tus cifras son elevadas, y este punto es crucial. No es ni el dato ni la información, sino el conocimiento, lo que nos hace tomar decisiones. Y eso se obtiene del estudio y de la investigación y aplicándolos a cada caso en particular.

Los médicos actuamos en base al conocimiento adquirido, que nos permite interpretar una determinada información que se generó a través de unos datos concretos. Este proceso es inevitable e imprescindible, pues un dato o una determinada información son absolutamente inservibles sin conocimiento ni contexto.

 

¿Qué te ofrece el doctor Google? Respuestas descontextualizadas.

 

Cuando preguntas, por ejemplo, por qué tienes el calcio elevado, piensa en lo siguiente:

1-¿Ese valor es realmente alto porque lo dice el laboratorio, o porque lo hemos mirado varias veces? Las variables biológicas presentan una cualidad, la variabilidad, lo que significa que generalmente sus valores son diferentes en diferentes mediciones pero que tienden a distribuirse en torno a un valor medio. Una toma aislada es un dato que puede estar fuera del rango de valores asumidos como válidos, pero los siguientes pueden estar dentro de los valores aceptados como normales o alrededor de esos límites. Recuerda que, de entrada, un dato aislado no significa absolutamente nada.

2-¿Ese valor está contextualizado en un síndrome clínico? ¿Tienes síntomas de hipercalcemia, de hiperparatiroidismo? ¿Por qué te hiciste esa analítica? ¿Fue un control rutinario? Sin ese contexto clínico, el dato aislado no puede transformarse en información, porque el significado de ese calcio elevado es muy diferente en cada caso. Recuerda la señal de tráfico: sólo implica algo si está en una carretera, no si la llevas encima porque te la has encontrado tirada en un parque y la quieres poner en tu habitación de adorno.

3-¿Ese valor se acompaña de qué otros valores o de qué otros datos? ¿Hay más parámetros alterados que tengan sentido fisiopatológico? ¿Hay alguna medicación que pueda interferir? ¿Hay un historial previo de alteraciones metabólicas? ¿Es lo mismo ese dato en una mujer joven que en un varón de ochenta años? Para interpretar correctamente ese dato, o esa información, todos esos elementos han de tenerse en cuenta bajo la lupa del conocimiento, cosa que el doctor Google, por el momento no hace. Es decir, la información debe estar contextualizada en base a ti, no en base a una referencia general. Esto es lo que hacemos los médicos casi de manera inconsciente y a todas horas. Tu calcio no es mi calcio, y eso no te lo cuenta internet…

4-¿Ese valor es plausible? ¿Es creíble? ¿Es fiable? Imagina a un cirujano que ha operado cientos de apendicitis y que ha palpado miles de barrigas dolorosas. Al final desarrolla un “sexto sentido” que no es más que integrar determinados patrones clínicos que le aporta la experiencia. Eso permite “saber” si es probable que exista una apendicitis aunque los análisis y el resto de las pruebas no sean definitivos, o dudar de su existencia aunque el pobre paciente grite desesperado de dolor. La congruencia entre sistemas fisiológicos en medicina es un elemento clave, y eso se obtiene sumar mucho conocimiento con más y más experiencia. Por eso a veces un clínico avezado no se cree lo que dicen las pruebas, pues sabe que existe, además, un porcentaje de falsos positivos y falsos negativos que siempre orbitan alrededor de cualquier test. Las máquinas son falibles, las personas también.

 

Por lo tanto, el doctor Google simplemente te ofrece una información que no está debidamente contextualizada en tu caso particular, dado que no tiene en cuenta casi nada de quién eres ni por qué estás allí. Eso si no te cuenta una milonga en forma de bulo, pero al margen de la información falsa que puebla la red, la clave está en entender que mirar en Google no te ofrece el conocimiento necesario y adaptado a tu caso particular que permita interpretar tu información o dato y por tanto, no pueden tomarse decisiones sobre ese asterisco de la analítica. Puede que en un futuro alguna solución basada en inteligencia artificial que sea capaz de integrar tus parámetros y circunstancias sea capaz de ofrecer algo más certero, pero en estos momentos no hay nada que se le aproxime a la opinión de un profesional formado.

 

One more thing…

 

—¿Y qué pasa con la sabiduría? Hasta ahora sólo me ha hablado de datos, información y conocimiento.
—Efectivamente. Aunque algún día existan máquinas que sean capaces de medir todos los datos, de generar y comprender toda la información, y de almacenar todo el conocimiento y tomar decisiones en base a ello, hay un paso más, que hasta ahora sólo corresponde a los humanos, o mejor dicho, a algunos humanos…

Porque existen los valores, la experiencia y los sentimientos, que puestos sobre un núcleo de datos, información y conocimiento, hacen que en determinadas ocasiones, las mejores decisiones no sean las objetivas, sino las subjetivas derivadas de entender que somos algo más que la suma de nuestros huesos. Saber cuándo hacer, cuando no hacer, cuando dejar ir, cuándo pelear… No todo viene en los libros, ni está en los datos, si se puede transmitir en un mensaje, ni se puede registrar en un estudio, ni, por supuesto, está en Google. Si después de hablar con tu médico, confías o desconfías, entiendes lo que te digo. Están tus necesidades y tus opciones, más allá de tu calcio o de tu sodio. Por eso le digo a Juan que se coma ese flan que tanto le gusta y a Carmen que deje de comer guarrerías. ¿Ves? Si no sabes nada de Carmen ni de Juan, ¿cómo sabes el significado del flan para cada uno?

No soy de poner puertas al campo ni de decirle a nadie lo que tiene que hacer. Mira y haz lo que quieras, faltaría más. Sólo te informo de que Google no está contestando a tu pregunta aunque lo parezca. Te aconsejo que consultes con profesionales en los que confíes y, para que no queden dudas, estaré encantado de resolver tus dudas en la consulta, aunque mires donde no tienes que mirar.

 

 

Imagen de Hebi B. en Pixabay