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Te quiero mucho

Te quiero mucho

Mario no quiso coger su mano, ni darle el primer beso rutinario de cada encuentro. Ante el imprevisto, Eva se quedó expectante. —Bueno, es que, verás, tía… Me molas, ¿sabes? Me molas mucho…. Sí…. Era temprano para que los niños tomaran los columpios y llenaran el...
La imposibilidad del olvido

La imposibilidad del olvido

Antes rompíamos las fotos y quemábamos las cartas. El teléfono sólo era para hablar y además estaba en el salón. Punto. Cuando se acababa todo, se acababa. Éramos afortunados sin saberlo. Pero hoy no. El rastro es palpable. La presencia de los otros nos envuelve sin...